Hace tiempo que el Black Friday se consolidó en España como una fecha clave para los consumidores, que esperan su llegada para adelantar compras navideñas o simplemente para aprovechar los descuentos. Aunque la fecha oficial sigue siendo el último viernes de noviembre -el día posterior a Acción de Gracias en EEUU-, esta campaña importada del país norteamericano se ha transformado en un auténtico maratón comercial que se extiende durante semanas. Este año, Amazon dio el pistoletazo de salida el 20 de noviembre, mientras que grupos como Inditex activaron ayer sus promociones en su web. A esta ola se suman otras citas ya consolidadas, como el Cyber Monday, centrado en tecnología, o el Travel Tuesday, orientado a viajes, completando un calendario cada vez más largo y esperado por los consumidores.
El empuje de la campaña se refleja en el gasto previsto: 219 euros por persona, destinados principalmente a las categorías favoritas de los consumidores. La ropa y el calzado lideran la intención de compra, con un 65%, seguidos de la electrónica (43%) y los pequeños electrodomésticos (22%), según la OCU. Aunque la organización estima que este año los españoles aumentarán ligeramente su presupuesto respecto a 2024, todavía se mantiene por debajo de los 237 euros registrados en 2023.
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Sin embargo, este entusiasmo convive con una creciente desconfianza. La mayoría de los españoles duda de la veracidad de los descuentos: el 78% sospecha de las rebajas del Black Friday, un porcentaje que sube al 80% entre la Generación X y al 83% en la Generación Z. Aun así, el 70% mantiene su intención de compra, reflejando la paradoja que hoy define la campaña: menos credibilidad, pero el mismo empuje comercial. Así lo confirma el Estudio del Ecommerce publicado por IAB Spain, que pone de relieve cómo el escepticismo no logra frenar la actividad de los consumidores.
«Yo, personalmente, no suelo comprar durante el Black Friday. Cada vez soy más escéptica con este tipo de campañas porque, aunque parezca que hay grandes descuentos, muchas veces no son reales», relata a este periódido Marta García. «Además, siento que se ha convertido casi en una obligación de compra, como es Black Friday, parece que hay que comprar sí o sí, aunque no necesites nada. Y a mí esa presión de consumo no me convence. Prefiero comprar cuando realmente lo necesito y no por una fecha impuesta», explica esta madrileña de 22 años y afirma que «en muchas ocasiones, los precios bajan más adelante o durante otras promociones, así que no veo necesario esperar específicamente al Black Friday. En mi caso, no lo considero tan ventajoso ni tan especial como para centrar mis compras en ese día».
No es un caso aislado. El 68% de los consumidores considera que los precios suben en los días previos a la campaña para que las rebajas aparenten ser mayores de lo que realmente son. El Ministerio de Consumo ya ha alertado sobre esta práctica, anunciando este año la mayor campaña de monitorización hasta la fecha. En 2024, siete empresas fueron sancionadas con un total de 350.000 euros por inflar precios antes de rebajarlos y generar la ilusión de descuento.
También la Asociación de Usuarios Financieros (Asufin) ha seguido la evolución de los precios desde septiembre y sus conclusiones apuntan en la misma dirección: muchas de las supuestas gangas del Black Friday no reflejan un ahorro real. Según sus datos, todas las categorías más populares, salvo la electrónica, registraron incrementos de precio en octubre, justo antes del inicio de la campaña. Entre ellas destacan la belleza (cosmética y perfumería), la moda, incluyendo calzado y ropa deportiva, los juguetes, los productos de hogar y muebles, así como los electrodomésticos y algunos productos electrónicos vinculados al deporte.
El contraste entre los precios anunciados y el ahorro real es notable. Mientras las promociones publicitan rebajas de hasta un 40%, el ahorro promedio para el consumidor apenas alcanza el 14,03% respecto a septiembre. En algunas categorías, los precios incluso se incrementaron frente al mes anterior: belleza subió un 18,39%, moda un 7,01%, juguetes un 5,06% y productos de fitness un 3,36%.
Las bajadas más significativas se concentran en electrónica y electrodomésticos, aunque con matices importantes, suelen aplicarse a productos más antiguos, lanzados en 2023 o 2024, principalmente para liberar stock y dar sensación de oferta, más que por un ajuste real de precios. Este análisis evidencia una paradoja que los consumidores deben afrontar: muchas de las supuestas rebajas del Black Friday no solo son menores de lo que se anuncia, sino que en varias categorías el precio previo incluso se infló para que el descuento pareciera más atractivo.
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Esta dinámica genera una paradoja curiosa, más de la mitad de quienes prevén aumentar su presupuesto (53,9%) lo hacen justamente porque sienten que «todo está más caro» y buscan las verdaderas gangas. En otras palabras, el deseo de ahorrar termina impulsando el gasto más que conteniéndolo.
«Hay ofertas que de verdad valen la pena, aunque no son fáciles de encontrar. Para dar con ellas hace falta paciencia, comparar precios y fijarse en los detalles. Más que una oportunidad para comprar a lo loco, el Black Friday se parece a un reto para quienes saben buscar y analizar las ofertas», explica Jimena Sánchez. Esta exigencia del consumidor es la que perciben la mayoría de las empresas. Sara Vera, directora de Marketing y Comunicación de Fnac España, apunta a un cambio de hábitos: «El consumidor es más crítico, compara precios y revisa reseñas, pero sigue aprovechando las fechas para productos que llevaba tiempo pensando comprar. Antes el Black Friday era más impulsivo; ahora es planificación. Los clientes llegan con la lista hecha y tildan los productos con la satisfacción de una compra inteligente».